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TEMAS IMPORTANTES

Felicidades Para Esta 2da Mitad Del Año!!!

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Saludos!!!
Acaba de pasar la primera mitad del año…
Espero que hayas podido alcanzar tus metas y objetivos, pero sobre todo que la Paz y el Amor hayan brillado…
En todo caso… te deseo que esta segunda mitad que empieza llene tus expectativas… con Dios y la Virgen…

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Navidad es un sueño de Amor y Paz hecho realidad…


Deseos Por Navidad…

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El Señor de los Milagros…

Saludos!!!

Estamos surcando la segunda tercera parte del mes de Octubre… y, en este mes, Jesucristo nuestro Señor es venerado en Perú como “El Señor de los Milagros”… Su culto abarca todo el mes, en el que en diferentes fechas la imagen recorre las calles, terminando el 28 en la sede central, Lima. En el lienzo aparece Jesús crucificado. Sobre la cruz, el Espíritu Santo y el Padre. A la derecha del Señor, Su Santísima madre con su corazón traspasado por una lanza de dolor y Su derecha, el fiel Apóstol San Juan. Además de su hermosura, el lienzo es una maravillosa representación de las verdades de nuestra fe.

Cada año las multitudes de todas las razas y condiciones sociales celebran juntas la procesión del Señor de los Milagros, no solo en Perú sino en donde quiera que se encuentren comunidades peruanas. Las calles se visten de morado para celebrar al Señor que tanto nos ama que se entregó en la cruz por nosotros. En la procesión nos unimos a La Virgen Madre y a San Juan con dolor pero con profunda gratitud y alegría por la salvación y la vida nueva otorgada por El Señor. Ése es el mayor de los milagros.

Se le llama también el “Cristo Moreno” y el “Cristo de Pachacamilla”

Con Dios Hijo… que tu camino esté sembrado de paz y amor.

Historia del Señor de los Milagros

La procesión del Señor de los Milagros, Cristo de Pachacamilla o Cristo Moreno, recorre las calles limeñas todos los años en el mes de Octubre desde 1687, trayendo consigo bendiciones de unión, esperanza, fervor católico y tradición. En el mes de Octubre la imagen del Cristo crucificado mueve a millones de fieles en procesión. Los fervientes devotos vestidos de morado tratando de emular a las hermanas nazarenas, llevando detentes como símbolo de adhesión y devoción al Señor.

Cuenta la historia que a mediados del siglo XVII un humilde mulato pintó al Cristo crucificado en un paño de muro, dentro del muladar de Pachacamilla, una zona donde los negros angolanos se agruparon viviendo en una pobreza absoluta.

El 13 de Noviembre de 1655, a las 2:45 de la tarde se produjo un terrible terremoto en Lima y El Callao, derrumbando Iglesias, sepultando mansiones dejando miles de muertos y damnificados.

Todas las paredes de la cofradía se vinieron abajo, excepto el débil muro de adobe en el cual se encontraba pintada la imagen de Jesús. La imagen quedó intacta, sin ningún resquebrajamiento.

La imagen atrajo gran cantidad de adoradores, que con sus cánticos y bailes semi paganos escandalizaban a las autoridades políticas y religiosas, el Virrey ordenó la destrucción de la imagen. Al subir un pintor la escalera para borrarla, empezó a sentir temblores y escalofríos, teniendo que ser atendido de inmediato para proseguir con su labor. Luego intentó nuevamente subir pero fue tanta la impresión causada que bajó raudamente y se alejó asustado del lugar sin culminar con la tarea encomendada.

Un segundo hombre, un soldado de Balcázar, de ánimo más templado, subió pero bajó rápidamente, explicando luego que cuando estuvo frente a la imagen vio que se ponía más bella y que la corona se tornaba verde; por esa razón no cumplió la orden dada. Ante la insistencia de las autoridades por desaparecer la imagen, la gente manifestó su disgusto y comenzó a protestar con airadas voces y actitudes amenazantes que obligaron a retirarse a la comitiva. La orden fue revocada y se acordó que en ese lugar se rindiera veneración a la poderosa imagen.

El 20 de Octubre de 1687 un maremoto arrasó con el Callao y parte de Lima y derribó la capilla que se había levantado en honor a la imagen de Cristo. Quedando solo en pie la pared de adobe con la imagen del Cristo Crucificado. De esta forma fue admitido por la Iglesia y se consagró su culto.

Una copia al óleo de la imagen fue confeccionada y fue llevada en procesión por las calles de Lima implorando al Cristo Crucificado para que apaciguara la ira de la naturaleza. Desde aquel entonces se estableció que en los días 18 y 19 del mes de Octubre tendría lugar la procesión del Señor de los Milagros.

Las procesiones que parten del Convento de Las Nazarenas se desplazan por diversos lugares, durando varios días, hasta retornar a su punto de partida, no tienen igual en ninguna parte de América.

Actualmente el culto al Cristo Morado se ha extendido en todas partes del mundo… Suecia, Bélgica, Italia, Japón, etc., etc., etc… y, por supuesto, también en México.

EL HÁBITO


A la difusión del culto contribuyó el esfuerzo de Antonio Lucía del Espíritu Santo, sierva de Dios. Ella vestía de morado, con un cordón blanco. Fundó el Beatario de Las Nazarenas y la congregación vistió como ella. Se dedicaron, entre otras labores, a cuidar la imagen de Pachacamilla. Así, poco a poco, se fue asociando el traje morado al Señor de los Milagros. Desde entonces hasta hoy, los fieles hacen peticiones al Cristo Morado y le prometen, a cambio, vestir de morado por un año o hasta por toda la vida el hábito.

 

Nota aportada por las devotas en Arequipa – Perú.

Imágenes de internet y una propia.

Si con Dios es difícil, sin Él es imposible…

Algo Sobre La Fe…

Saludos!!!

… Si uno ve a una mujer serpenteando de rodillas sobre un pavimento de cemento granulado con la piel descubierta, que le ocasiona dolor, fricción, heridas y displacer, obviamente uno podría atribuir este comportamiento a algún tipo de patología mental… Si yo le contara a alguien que en ciertas latitudes de la tierra hay personas que transitan descalzas sobre las cenizas ardientes que el fuego dejó, podría suponer que le estoy tomando el pelo o que me estoy pasando de sabihondo frente a una supuesta ingenuidad… Si viajásemos en el tiempo y un historiador situado en el futuro, encontrara libros del pasado que versan sobre un personaje que transformaba el agua en vino y hacía que el pan y los peces se multiplicaran, que una vez fallecido podía resucitar y luego convertir enfermos en sanos con el poder de la oración o del tacto, tal vez interpretaríamos estos vestigios bibliográficos como una muestra artístico-cultural de una mitología ajada.

… Todas estas descripciones responden a actos consolidados y sustentados en una de las construcciones humanas que cruzan la historia, la experiencia, la educación, la genialidad y el poder de la convicción de quienes la sustentan. Me refiero a aquella ilación que identificamos consensualmente como fe… y aquello que entendemos como fe es un concepto móvil, dinámico, psicosocial que pretende otorgarnos una continuidad adaptativa frente al contingente de la experiencia.

… La fe le permite al individuo entender, explicar y justificar un sinfín de actitudes, hechos, y pensamientos que bajo un formato exclusivamente racional no tendrían cabida. Ésta libera en muchos casos (aunque no en todos) la incertidumbre que la disonancia cognitiva genera en el aparato mental cuando el sujeto, convertido en humano, al socializar se ve enfrentado a situaciones que desequilibran los entendimientos fortificados hasta ese momento por la experiencia.

La fe es conceptuada por la lengua española como “la creencia en algo sin la necesidad de que haya sido confirmado por la experiencia o la razón, o demostrado por la ciencia — como un conjunto de creencias de una religión, la confianza en el éxito de algo o alguien, el testimonio o la aseveración de que una cosa es cierta o como un documento que certifica la verdad de algo.”

Encontramos otro concepto… “La fe es, generalmente, la confianza o creencia en algo o alguien. Puede definirse como la aceptación de un enunciado declarado por alguien con determinada autoridad, conocimiento o experiencia.”

Las causas por las cuales las personas se convencen de la veracidad de una fe, dependerán de los enunciados filosóficos en los que las personas confían. La palabra «fe» puede también referirse directamente a una religión o a la religión en general, sin embargo, tener fe no implica tener una religión… Al igual que la “confianza”, la fe implica un concepto de eventos o resultados futuros, y puede o no carecer de un mínimo de pruebas.

Finalmente… sin ánimo de agotar el tema, el que, de por sí, es amplísimo, citaré algo de la Biblia… “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”  Hebreos 11:1

Cada quien podrá abarcar su extremo necesario pero, para ilustrar algo de la fe, inserto un cuento al respecto…

Que la magia del amor, el brillo de la fe y el aleteo permanente de la esperanza estén siempre en tu camino…

 

Un Cuento Acerca De La Fe…

 

El pequeño Roberto asistía a la primaria y la maestra les encargó una tarea: “investigan qué es la fe en Dios”.

Intrigado, de regreso a casa le preguntó a su tío “¿Qué es la fe en Dios? Me la dejaron de tarea en la escuela”.

Con una amplia sonrisa, su tío le respondió: “¿En verdad quieres saber lo que es la fe en Dios?”.

 “Si”, respondió Roberto.

Bien, vamos a la playa y te lo enseñaré.

Roberto vivía en las paradisíacas playas de Cancún.

Una vez que llegaron, le entregó el chaleco salvavidas y las aletas.

 “Pero yo no se nadar” dijo Roberto.

 “Lo se”, le dijo el tío, “póntelos de todas maneras”.

Lo hizo.

 “Ahora, comienza a caminar hacia el mar de espaldas. Llegará un momento en el que sentirás que tus pies no tocan tierra. Déjate ir y arrójate de espaldas. No te hundirás, ya que el chaleco te hará flotar”.

Roberto estaba aterrado “No tío, no quiero”.

 “¡Hazlo!” Le respondió “Estaré junto a ti para que no temas. Así que tranquilo”.

Roberto confió en su tío. Mientras caminaba de espaldas llegó un momento en el que sintió que no tocaba tierra. Dudó. Pero recordó las palabras de su tío, aparte de que lo tenía cerca.

En un acto de valor, dio el siguiente paso ¡Ya no tocaba tierra! Sin embargo, flotó en el mar gracias al chaleco. Se sintió emocionado ante la experiencia y feliz.

Ambos salieron del mar. Camino a casa, su tío le explico:

 “En esto consiste la fe en Dios: el mar representa la vida. Yo represento a Dios y el chaleco representa la fe. Cuando te adentres en el mar de la vida y sientas que la lógica no puede ayudarte a salir a flote de tus problemas, hasta perder el piso, debes creer que el chaleco de la fe te salvará. Dios estará siempre cerca de ti, pero depende de que te atrevas a dar el primer paso de confiar en EL, vistiéndote el chaleco de la fe y arrojándote con el, para que puedas flotar en el mar de la vida con total paz y tranquilidad”.

Roberto quedó maravillado con la explicación de su tío y le dio las gracias. Cabe mencionar que la maestra quedó impresionada con la tarea y sacó la nota más alta de la clase.

Edgar Martínez (Webmaster)

México


La Escalera Del Movimiento…

Saludos!!!

Adonde quiera que vayas y con quien quiera que te encuentres, allí hallarás a tu amor propio… si te estimas…

… En algún momento me llegó un tema interesante… “La Escalera Del Movimiento…”

Recordé entonces una cita de Louise Hay… “Para cambiar tu vida por fuera debes cambiar tú por dentro. En el momento en que te dispones a cambiar, es asombroso cómo el universo comienza ayudarte, y te trae lo que necesitas.”

… Me estoy permitiendo alcanzarte hoy lo que recuerdo del tema, habiéndome tomado la libertad de incrustarle y de aderezarle con algo propio…

Que la paz y el amor estén siempre en tu camino…

 

La Escalera Del Crecimiento…

 TODOS VAMOS CAMBIANDO DE NIVEL, COMO CUANDO SUBIMOS UNA ESCALERA.

… Imagina que estás frente a una gran escalera… Tienes a tu lado a una persona que es importante para ti (novio, novia, esposo, amigo), y están tomados de la mano.

Mientras están en el mismo nivel, todo está bien, y lo disfrutan.

Pero de pronto tú subes un escalón, y la otra persona no. Ella prefiere mantenerse en el nivel inicial. No hay problema. Es fácil aun así, seguir tomados de las manos.

Pero tú subes un escalón más, y esa persona se niega a hacerlo. Ya las manos han empezado a estirarse y no es tan cómodo como al principio.

 

Subes un nuevo escalón, y ya el tirón de manos es fuerte… No lo disfrutas, y empiezas a sentir que tu avance se frena… Tú quieres que la otra persona suba contigo para no perderla… pero para ella no ha llegado el momento de subir de nivel, y se mantiene en su posición inicial.

Subes un escalón más, y se vuelve muy difícil mantenerte unido… Te duele, y mucho… Insistes en tu deseo de que esa persona suba, de no perderla, pero tú ya no puedes ni quieres bajar de nivel.

En un nuevo movimiento hacia arriba viene lo inevitable: se sueltan de las manos… Puedes quedarte ahí, llorar y rabiar tratando de convencerla de que te siga, que te acompañe… Puedes incluso bajar de nivel con tal de no perderla, pero ya nada es igual… Por más doloroso y difícil que sea, entiendes que no puedes hacer más que seguir avanzando, y esperar que tal vez algún día compartan el mismo nivel…

Lo que se siente es cierta decepción por la persona que te acompañaba…. No quiso superar… no quiso avanzar en la vida… siguió con su ritmo artificial, aparente, ficticio, artificioso, engañoso y mediocre por no querer brillar y cambiar… Entonces, aparece un sentimiento de lástima y de antipatía por lo que fue esa  persona en quien depositaste ilusión y esperanza… persona que, incluso continúa con su compás de vida insulso y corriente…

¡Contradicción de emociones!!!… ¡Contradicción de sentimientos!!!… rabia por haber perdido tiempo y esfuerzo en alcanzar algo mejor…

 

… Es lo que sucede cuando inicias tu camino de crecimiento interior. En ese proceso pierdes no sólo personas sino muchas cosas: amigos, trabajo, pertenencias, todo lo que no coincide en quien te has convertido…

Cierto es que todo crecimiento es personal, individual, no grupal… Por eso, a guisa de consuelo, no hay que perder la esperanza de que quizá después de un tiempo… las otras personas decidan emprender su propio camino y te alcancen… o… suban incluso más que tú… Te queda la resignación de saber que es importante que no puedes forzar a nadie… así sea por su propio bien.

Quizá, en tu escalera para convertirte en mejor persona, te quedes solo un tiempo. Y duele… ¡Claro que duele!!!… Y mucho… Pero a medida que avanzas te vas encontrando con otras personas más afines a ti… Personas que con su propio esfuerzo están en el nivel al que pudiste llegar.

 

… Allí ya no hay dolor, ni apego, ni lástima, ni decepción, ni sufrimiento… Hay amor, comprensión, respeto.

Y, es que la vida es una infinita escalera, donde vas encontrando personas que te acompañan… Y si alguien cambia, la estructura se acomoda.

A todos nos cuesta soltarnos. Y después de una fuerte ruptura uno sigue mirando hacia atrás, esperando un milagro… Y el milagro aparece, pero no de la manera en que uno suponía… Aparece bajo otros nombres, otros cuerpos, otros ideales, otra misión, otro trabajo, otras oportunidades…

Cada pérdida, cada cosa que se va, hay que dejarla ir… Habrá dolor, lástima, decepción, antipatía y, tal vez hasta asco, pero con comprensión más que con resignación… Hay que prepararse para lo bueno que viene a tu vida… Tú sigue avanzando y confía… Porque al final de la escalera se encuentra… tu amor… la tranquilidad… la ilusión hecha realidad… en fin… ¡Tu sueño!!!

 

(Ignoro la autoría del original)

Comentado y arreglado por Emilo Glivel P.A.

18-07-12 hora: 11.53


Algo Sobre La Alegría Como Valor…

Saludos!!!

… Según el diccionario, la palabra alegría deriva del latín alicer-alecris, que significa vivo y animado.

La alegría es una de las emociones básicas, junto con el miedo, la ira, el asco, la tristeza y la sorpresa. Es un estado interior fresco y luminoso, generador de bienestar general, altos niveles de energía y una poderosa disposición la alegría es una emoción, la acción constructiva, que puede ser percibida en toda persona, siendo así que quien la experimenta, la revela en su apariencia, lenguaje, decisiones y actos. La tristeza es la emoción contraria. También se puede definir como el estado de ánimo más confortable por el cual se puede pasar, la tristeza es un factor importante, ya que sin ella no se podría sentir la alegría y según estudios médicos la alegría ayuda a el mejoramiento de la salud. La alegría también para muchos se simboliza con el color cian o amarillo, es también se compara con optimismo o placer, porque si hay alegría hay placer y optimismo.

Que tu vida esté llena de alegría…

 

La Cara Perfecta…

Había una vez un muñeco de papel que no tenía cara. Estaba perfectamente recortado y pintado por todo el cuerpo, excepto por la cara. Pero tenía un lápiz en su mano, así que podía elegir qué tipo de cara iba a tener ¡Menuda suerte! Por eso pasaba el día preguntando a quien se encontraba:

- ¿Cómo es una cara perfecta?

- Una que tenga un gran pico – respondieron los pájaros.

- No. No, que no tenga pico -dijeron los árboles-. La cara perfecta está llena de hojas.

- Olvida el pico y las hojas -interrumpieron las flores- Si quieres una cara perfecta, tú llénala de colores.

Y así, todos los que encontró, fueran animales, ríos o montañas, le animaron a llenar su cara con sus propias formas y colores. Pero cuando el muñeco se dibujó pico, hojas, colores, pelo, arena y mil cosas más, resultó que a ninguno le gustó aquella cara ¡Y ya no podía borrarla!

Y pensando en la oportunidad que había perdido de tener una cara perfecta, el muñeco pasaba los días llorando.

- Yo solo quería una cara que le gustara a todo el mundo- decía-. Y mira qué desastre.

Un día, una nubecilla escuchó sus quejas y se acercó a hablar con él:

- ¡Hola, muñeco! Creo que puedo ayudarte. Como soy una nube y no tengo forma, puedo poner la cara que quieras ¿Qué te parece si voy cambiando de cara hasta encontrar una que te guste? Seguro que podemos arreglarte un poco.

Al muñeco le encantó la idea, y la nube hizo para él todo tipo de caras. Pero ninguna era lo suficientemente perfecta.

- No importa- dijo el muñeco al despedirse- has sido una amiga estupenda.

Y le dio un abrazo tan grande, que la nube sonrió de extremo a extremo, feliz por haber ayudado. Entonces, en ese mismo momento, el muñeco dijo:

- ¡Esa! ¡Esa es la cara que quiero! ¡Es una cara perfecta!

- ¿Cuál dices? – preguntó la nube extrañada – Pero si ahora no he hecho nada…

- Que sí, que sí. Es esa que pones cuando te doy una abrazo… ¡O te hago cosquillas! ¡Mira!

La nube se dio por fin cuenta de que se refería a su gran sonrisa. Y juntos tomaron el lápiz para dibujar al muñeco de papel una sonrisa enorme que pasara diez veces por encima de picos, pelos, colores y hojas.

Y, efectivamente, aquella cara era la única que gustaba a todo el mundo, porque tenía el ingrediente secreto de las caras perfectas: una gran sonrisa que no se borraba jamás.

Autor: Pedro Pablo Sacristan

 

LA ALEGRÍA

Se puede definir a la alegría como algo simple cuya fuente más grande y profunda es el amor. Sin embargo, no es tan sencilla como parece. La alegría es un gozo del espíritu. Nosotros somos seres que experimentamos diferentes sensaciones, el dolor, el sufrimiento, pero también las emociones opuestas a estas, el bienestar y la felicidad.

La alegría es un gozo opuesto al dolor, ya que la primera proviene del interior. Es decir, desde el centro de nuestra mente, de nuestra alma. Todo ello se manifiesta con un bienestar, una paz reflejada en todo nuestro cuerpo. Por ejemplo, sonreímos, tarareamos, silbamos y por sobre todas las cosas nos volvemos más afectuosos. Tal es así, que este estado suele contagiar a quienes nos rodean.

Decidir cómo afrontar con nuestro espíritu las cosas que nos rodean, es la actitud por la cual surge la alegría. Es decir, no dejarse afectar por las cosas que los rodean y decir que su paz sea mayor que las cosas externas, por lo que esta alegría podríamos decir proviene de adentro.

Su fuente tradicional, intensa y grandiosa es el amor, especialmente en pareja. Cabría preguntarnos ¿por qué?, es muy simple. El amor rejuvenece y es una fuente espontánea y profunda de alegría. Por lo tanto, ese amor es el principal combustible para estar alegres.

Nuestra alegría es algo que lo pensamos muy poco, sin embargo surge en aquellos momentos de manera espontánea y por diversos motivos. Por lo que dejamos que la vida siga su marcha, sin ser conscientes de que la alegría se construye, por lo que siempre la buscamos.

Tomar con poca seriedad nuestras obligaciones y compromisos para vivir tranquilos y por ende estar alegres, no es la solución más adecuada. Tal es así, que aquella persona que busca evitar la realidad, gana una alegría forzada, es decir, vive inmerso en la comodidad y en la búsqueda de placer, lo cual tiene una corta duración.

Entonces, para vivir el valor de la alegría, debemos ver lo bueno que hacemos con voluntad, esfuerzo, energía y cariño. Desde el trabajo que se realiza, por mas que sea el mismo todos los días, ya que él beneficia a otras personas, a la familia, pero también lo hace a uno mismo. 

Por otra parte, la satisfacción de proporcionar educación, alimentos y cuidados a tu familia; hace que la persona sienta gusto por su júbilo. El tener amigos y vivir en armonía con la sociedad; mantener buenas relaciones con los vecinos, ser aceptado por la educación y respeto demostrado ante los demás, el cuidado del medio ambiente y la participación en iniciativas de ayuda a los más necesitados; son motivos de gozo y satisfacción interior.

 Ayudar, sin interés alguno y por el simple hecho de sólo querer hacerlo, da la sensación de que el valor de la alegría está totalmente distanciado del egoísmo. Y esto es así, ya que todas las personas están primero que la nuestra.

La sensación del deber cumplido, cada vez que realizamos algo bueno, con sacrificio o no, y con desprendimiento de nuestra persona y de nuestras cosas, nos excede de paz interior, y eso es alegría.

 Por lo tanto, todo lo que apreciamos y valoramos en la vida, se debe al esfuerzo que pusimos para lograrlo y alcanzarlo, entonces su consecuencia más inmediata serán los beneficios que obtendremos de ese desempeño.

Ahora, algo importante a no olvidar, es que un motivo suficiente de alegría y de fiel agradecimiento, es el poseer vida. Y sin lugar a dudas, que por más circunstancias adversas que se nos presenten, siempre sacaremos de nosotros algo positivo y de provecho para ayudar a los demás. 

Y por último, hay que acordarse que todas las personas somos capaces de dispersar desde lo más adentro de nuestro ser: alegría. Simplemente con una sonrisa o con actitudes serenas, se exteriorizará este goce, lo cual es propio de una persona que sabe apreciar y valorar todo lo que existe a su alrededor. La capacidad de experimentarla se aprende, se cultiva, y por ende,  se incrementa.

 

Emilio Glivel P. A.


Algo Sobre la Infidelidad Como Valor…

Saludos!!!
En anterior oportunidad envié el tema “Algo Sobre Los Valores…”
Continuando en ese sentido, hoy te alcanzo respecto de la fidelidad como valor… La fidelidad es un valor fundamental… No es lo mismo que la lealtad, pues ésta última se refiere muy directamente con amigos, amistades, familiares y compañeros de trabajo… Sin embargo la fidelidad como valor se aplica más directamente a las relaciones de pareja entre novios y entre esposos, y hoy quiero profundizar en este tema, porque no es necesario sufrir la infidelidad de la pareja para entender que este es un valor fundamental… pienso que hay que estar consciente del tema para caminar de frente hacia la pareja… de esta manera no se lastima ni la persona inmiscuida ni a la pareja…
Para el efecto, te alcanzo en primer lugar un cuento… ojala te guste… y algo sobre la Fidelidad como Valor…
Con Dios y la Virgen… que cada momento en tu vida sea mejor que el anterior.
 
Un Cuento Bonito
 
Un matrimonio bautizó con la palabra “Increíble” a su hijo, porque tenían la certeza que haría increíbles cosas a lo largo de su vida.
 
Lo cierto es que, lejano a aquel mandato familiar, Increíble tuvo una vida equilibrada y tranquila. Se casó y fue fiel a su esposa durante setenta años.
 
Los amigos le hacían todo tipo de bromas, porque su nombre no coincidía con su estilo de vida.
 
Justo antes de morir, Increíble le pidió a su esposa que no pusiera su nombre en la lápida, para evitar cualquier tipo de bromas.
 
Cuando murió, la mujer obedeció el pedido, y puso, humildemente: “Aquí yace un hombre que le fue fiel a su mujer durante setenta años”.
 
Cuando la gente pasaba por ese lugar del cementerio, leían la placa y decían: “¡Increíble!”
 

 La Fidelidad Como Valor
Una de las peores consecuencias de la falta de fidelidad o lealtad se puede ver en el rostro de los que luego se arrepienten y ya nada pueden hacer. Los rostros de los infieles y de los engañados llevan una marca de amargura muy difícil de borrar. Por eso para evitar vivir una vida llena de vergüenza y amargura… lo mejor es vivir en completa integridad. El engaño a otros inevitablemente va a rebotar a la persona infiel y, a la larga, quien pierda será la persona causante.
 
Alcanzar el verdadero y único amor es la aspiración más noble del ser humano, sin embargo, el egoísmo y el placer se han convertido en dos gigantes que impiden tener una relación sana, estable y de beneficio para las personas. Hacer conciencia y robustecer el valor de la fidelidad, es una necesidad que nos apremia en beneficio de nosotros mismos, la familia y la sociedad entera. La desconfianza en la pareja tiende a ser uno de los factores más comunes de hoy día, principalmente por una falta de adhesión a unos sanos ideales que valoren la relación de pareja como uno conducente a una felicidad normal con sus altibajos, pero estable.
 
La fidelidad es el íntimo compromiso que asumimos de cultivar, proteger y enriquecer la relación con otra persona y a ella misma, por respeto a su dignidad e integridad, lo cual garantiza una relación estable en un ambiente de seguridad y confianza que favorece al desarrollo integral y armónico de dicha relación.
 
Por extraño que pueda parecer, la fidelidad es anterior a la relación misma; debemos conocer y descubrir realmente lo que buscamos y estamos dispuestos a dar en una relación. La rectitud de intención nos ayudará a superar el egoísmo y hacer a un lado los intereses poco correctos.
 
Así, una relación está destinada al fracaso por desvirtuar el propósito de la misma: Esto sucede con quien busca al mismo tiempo en varias personas a alguien que tenga condiciones que convengan a sus intereses personales, ya sea en presencia, en posición social o económica, etc., etc., etc., buscando solamente satisfacer la vanidad propia o la presunción en sí; peor aún si se pretende a través de esa relación, alcanzar la búsqueda de placer.
 
Poco futuro tiene esa persona cuando no ha entendido que debe haber disposición para compartir, comprender y colaborar al perfeccionamiento tanto propio como de quien ha depositado su confianza y sentimiento en ella.
 
Se puede afirmar que el egoísmo es el mayor peligro para cualquier relación. Aunque no siempre aparece a primera vista, se puede observar que algunas personas se dejan llevar por todo lo que es novedoso: ropa, autos, aparatos…; con el consecuente cumplimiento de sus caprichos, buscando el placer en la comida, la bebida, el sexo y la diversión.
 
Estas personas están en constante peligro de faltar a la fidelidad en cualquier momento, porque su vida está orientada a la novedad, al cambio y a la búsqueda de nuevas experiencias y satisfacciones. Ser fiel cuesta trabajo porque no existe la disposición a dar y a darse. ¿Cómo esperar que una relación no sea aburrida al poco tiempo? ¿Cómo pretender que se eviten nuevas experiencias? Vencer al egoísmo, al placer y a la comodidad con una conducta sobria, garantiza nuestro crecimiento personal, y por ende, el de cualquier relación.
 
La fidelidad no es exclusiva del matrimonio o del concubinato, es indispensable en el noviazgo o relación inicial porque no hay otra forma de aprender a cultivar una relación y hacer que prospere. No está mal que se conozca a distintas personas antes de decidir con quien sacar adelante su proyecto de vida, pero debe hacerse bien, sin engaños, procurando conocer realmente a la persona, dando lo mejor de sí, teniendo rectitud de intención en sus intereses, eso es noble, correcto y sobre todo, fiel.
 
La fidelidad no es atadura, por el contrario, es la libre expresión de nuestras aspiraciones, colma de alegría e ilumina cotidianamente. Una buena relación posee una serie de características que la hacen especial y favorecen a la vivencia de la fidelidad, pero deben cuidarse para que no sean el producto de la emoción inicial:
 
- En el interés por estar al lado de la persona, se procuran detalles de cariño y momentos agradables.
 
- Constantemente realizar un esfuerzo por congeniar y limar las asperezas, procurando que las discusiones sean mínimas para lograr la paz y la concordia lo más pronto posible.
 
- Dar poca importancia a las fallas y errores de la pareja, hacer todo lo posible por ayudar a que las supere con comprensión y cariño.
 
- Ser cada vez más felices en la medida que se “avanza” en el conocimiento de la persona y en la forma en la que corresponde a nuestra ayuda.
 
- Compartir alegrías, tristezas, triunfos, fracasos, planes… todo.
 
- Por el respeto que merece la pareja, cuidar el trato con personas del sexo opuesto, con naturalidad, cortesía y delicadeza; que a final de cuentas, es el respeto que se tiene para sí.
 
La fidelidad no es sólo la emoción y el gusto de estar con la pareja, es la lucha por olvidarnos de pensar únicamente en el propio beneficio; es encontrar en los defectos y cualidades de ambos la oportunidad de ser mejores y así llevar una vida feliz.
 
Sin lugar a dudas, cuando se es fiel se puede decir que nuestra persona se perfecciona por la unión de dos voluntades orientadas a un fin común: la felicidad del otro. Cuando este interés es auténtico, la fidelidad es una consecuencia lógica, gratificante y enriquecedora.
 
Vivir la fidelidad se traduce en la alegría de compartir con alguien la propia vida, procurando la felicidad y la mejora personal de la pareja, generando estabilidad y confianza perdurables, teniendo como resultado el amor verdadero.

Felicidades A Todos Los Padres Del mundo!!!

Saludos!!!
Mañana se celebra el Día del Padre…
Con este motivo, alcanzo algo al respecto, incluyendo algunas expresiones que pueden detallar lo que es un verdadero Padre… como también incrusto sobre el origen de esta conmemoración…
… Mientras que una madre guita: “No jueguen en el patio, están destrozando las plantas”, mi padre pensaba y le contestaba: “Estoy enseñando a jugar a mis niños”.
… Él no me dijo cómo vivir, vivía él, y me permitía ver como lo hacía, y simplemente así, yo aprendí.
… Un hombre es verdaderamente rico cuando sus hijos corren a sus brazos cuando sus manos están vacías.
… El amor y el miedo, todo lo que el padre de familia de familia dice, debe inspirar una persona en otra.
… Para todos los padres del mundo… para todas las Madres que realizan nuestra labor… seguir adelante y continuar con ese don y trabajo que se nos ha entregado…
¡Felicidades Siempre!!!
 
Historia Del Día Del Padre
Conmemorar el amor a los padres una vez al año se ha convertido en algo habitual en nuestro tiempo. A pesar que se celebra el día del Padre con un regalo, esta festividad no tiene un origen comercial para aumentar las ventas en estas fechas como muchos piensan.
 
El verdadero origen del ‘Día del Padre’ surge el 19 de junio de 1909 en Estados Unidos cuando una mujer llamada  Sonora Smart Dodd quiso homenajear a su padre, Henry Jackson Smart. Este veterano de la guerra civil se convirtió en viudo cuando su esposa (la madre de Sonora Smart Dodd) murío en el parto de su sexto hijo. Fue en una granja rural en el estado de Washington donde Henry Jackson se hizo cargo de la educación de seis niños. Sonora Smart se dio cuenta de que su padre había sido todo un ejemplo a seguir y propuso la fecha del nacimiento de su padre, el 19 de junio, para celebrar el Día del Padre.
 
La idea de instituir un Día del Padre fue acogida con entusiasmo por muchas personas en diversos condados y ciudades, pero no fue hasta 1924 cuando el presidente Calvin Coolidge apoyó la idea de establecer un día nacional del padre.  En 1966 el presidente Lyndon Johnson firmó una proclamación que declaraba el tercer domingo de junio como día del padre en Estados Unidos.
 
Esta festividad se celebra en la mayoría del continente americano el tercer domingo de junio. La fecha cambia en los países de orígen católico, como el caso de España, que se relaciona el Día del Padre con la Festividad de San José, padre de Jesús de Nazaret, que se celebra el 19 de marzo. En esa fecha, la familia se une para celebrar con regalos la labor de los padres y el amor que se les profesa.
¡FELIZ DÍA A TODOS LOS PADRES DEL MUNDO!!!

La Virgen de la Inmaculada Concepción…

EL DOGMA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

El dogma de la Inmaculada Concepción, también conocido como Purísima Concepción, es un dogma de fe del catolicismo que sostiene la creencia en que María, madre de Jesús, a diferencia de todos los demás seres humanos, no fue alcanzada por el pecado original sino que, desde el primer instante de su concepción, es decir, de su ser personal, estuvo libre de todo pecado. No debe confundirse esta doctrina con la de la maternidad virginal de María, que sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón y que María permaneció virgen antes, durante y después del embarazo.

Al desarrollar la doctrina de la Inmaculada Concepción, la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser madre de Jesús de Nazaret y sostiene que Dios preservó a María libre de todo pecado y, aún más, libre de toda mancha o efecto del pecado original, que había de transmitirse a todos los hombres por ser descendientes de Adán y Eva, en atención a que iba a ser la madre de Jesús, que es también Dios. La doctrina reafirma con la expresión “llena eres de gracia” (Gratia Plena) contenida en el Saludo del Ángel (Lc. 1,28), y recogida en la oración del Ave María, este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios.

La definición contenida en la bula Ineffabilis Deus, de 8 de diciembre de 1854, es del tenor literal siguiente:

…Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles. Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de dudar en su corazón lo que por Nos ha sido definido, sepa y entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que ha caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho

” Bula Ineffabilis Deus”‘


Por Nuestros Hermanos Japoneses

Las imágenes (aunque pocas) expresan mejor que todas las palabras…

Lo acaecido ayer en Japón debe tocar lo más profundo de nuestro sentir… y es aquí donde debemos pensar en que mejor es comprender que ignorar, mejor es perdonar que condenar, mejor es vivir en paz que en guerra, mejor es abrazar que inadvertir, mejor es tolerar que contrariar, mejor es condescender que desechar, mejor es consentir que disentir, mejor es conformarse con lo que se tiene que objetar lo que no se tiene…. Y así podríamos seguir aduciendo razones… estando seguro que no terminaríamos nunca… pero que obviamos hacerlo, porque es más fácil acomodarse a lo cómodo que a lo que en realidad no cuesta nada…

Muchos no podremos estar presente para ayudar, no podremos alcanzar algo para minimizar las necesidades que estarán pasando los afligidos, pero, desde esta plataforma, te ruego que de corazón eleves una plegaria, tal como tú desees por los efectos ocurridos en nuestros congéneres por ese lado del mundo.

Sólo a guisa de proposición, por si no se te ocurre algo, te alcanzo una… por favor agarra de la mano espiritualmente a nuestros hermanos desconocidos y roguemos por ellos.

Mis mejores deseos para ti


En este día, Señor,

Permíteme rogarte por los caídos,

Por los desaparecidos,

Por los accidentados,

Por los que sufren pérdidas,

Por los cansados,

Por los adoloridos,

Por los que colaboran,

Por los que buscan,

Por los que ponen la mano,

Por los que ponen el corazón,

Por los que tienen rasgado el corazón,

Por los que sienten dolor,

Tras el indolente embate de la naturaleza,

Sucedido en Japón…

Y, aunque sabemos que el dolor es solo

La llave santa de tu santa puerta,

Te rogamos para que huyan los dolores,

El sufrimiento, las heridas, el abandono…

Todo lo que cause más queja a lo que ya existe…

Amén…

Si con Dios es difícil, sin Él es imposible…

 

 

 

Fue un mensaje de:

 


Ser Agradable y Ser Feliz…

Saludos!!!

Muchas veces nos cuestionamos respecto de cómo podemos ser más felices, buscando ser agradables tanto a la pareja como al prójimo… esta pregunta es constante y difícilmente o tal vez nunca encontramos la respuesta… Siempre queremos que se nos acepte como somos y que el ser amado haga lo que queremos, confundiendo así el verdadero amor, omitiendo el hecho de que para ser felices mejor es dar que recibir…

Así, buscando, encontré un interesante estudio al respecto, por lo que te alcanzo ahora el resumen (no he podido hacerlo más) del trabajo realizado por José Luis Villagrana Zúñiga, Licenciado y Maestrante por la Unidad Académica de Economía, Universidad Autónoma de Zacatecas, México.

Espero sea de tu agrado y te sirva en tu vida cotidiana…

Que la magia del amor, el brillo de la fe y el aleteo de la esperanza estén siempre en tu camino.

SER FELIZ Y AGRADABLE

¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO ESTAR FELICES?

Es una pregunta que siempre terminamos haciéndonos cuando nos sentimos con disgusto por “como” percibimos nuestra realidad. Pero raramente nos cuestionamos por qué nos cuesta tanto el permitirnos ser feliz, para entender un poco ello retomaremos lo que menciona Jorge Bucay  en lo referente a darse permiso; de igual manera a Xavier Guix  cuando aborda el tema de darse permiso para ser feliz.

SER FELIZ

Está claro que tanto la cultura como la tradición y la moral de una sociedad se trasmiten de padres a hijos a través de mensajes directos o subliminales, verbales y no verbales, llenos de premios y castigos, sostenidos por ideologías, prejuicios, paradigmas y mandatos de todo tipo, color e intención.

Según el modelo transaccional, creado por Eric Berne, la estructura de la personalidad se podría de construir en tres estados más o menos independientes: el del Padre Interno, el del Adulto y el del Niño Libre. Dice Berne que, debido a esta estructura tan particular, los mandatos recibidos en la infancia perduran en nosotros y siguen condicionándonos aunque intelectualmente los cuestionemos, pues nos hablan desde la figura introyectada de nuestros padres.

Este punto, el de los permisos y el de los mandatos, es fundamental si pretendemos comprender algunas de nuestras bizarras maneras de encarar o intentar resolver situaciones difíciles y, sobre todo,  si tendemos a ayudar a otros durante la tarea educativa,  asistencial o terapéutica diseñando formas de intervenciones eficaces y positivas.

Todo se complica bastante cuando caemos en la cuenta de que, por fuerza, las pautas que los niños reciben en sus primeros años de vida marcan y condicionan, de forma a veces irreversible, el desarrollo y el futuro de esas personas en ciernes. Todo se agrava aún más cuando asumimos que esas pautas están, a su vez, condicionadas por las limitaciones, errores, distorsiones, mandatos y prohibiciones que esos educadores recibieron de su propio entorno cuando eran niños.

Supongo que no exagero cuando digo que todos y cada uno de nosotros hemos sido víctimas de por lo menos uno de estos mandatos restrictivos y que nos hemos pasado gran parte de nuestra vida luchando contra él o ellos. Siguiendo la inspiración transaccionalista, podríamos enumerar aquí un decálogo de las absurdas prohibiciones que, una y otra vez, los padres nos trasmiten voluntaria o involuntariamente.

Estas prohibiciones actúan como verdaderos mandatos vinculantes. Es imposible no escuchar estas órdenes, por condicionantes que suenen, si llegan a nosotros cuando todavía no podemos cuestionarlas y encima de la mano de las personas que más queremos y que, supuestamente, más nos quieren.

•           Absurdo No 1: No está permitido que pretendamos ser quienes somos. Debemos ser, parecernos o actuar como nuestros educadores creen que es correcto y como ellos nos aseguran que es lo mejor para nosotros.

•           Absurdo No 2: No está permitido que nos involucremos emocionalmente, porque eso nos haría sufrir. Sin compromiso afectivo, no habrá posibilidad de que suframos.

•           Absurdo No 3: No está permitido el contacto físico. De los más inocentes acercamientos puede surgir la connotación sexual y eso es un tabú hasta la madurez.

•           Absurdo No 4: No está permitido crecer ni estar sano, porque eso dejaría en duda el rol de nuestros educadores, los cuales se significan con la actitud de cuidarnos.

•           Absurdo No 5: No está permitido perder el control de las cosas. Todo debe quedar bajo nuestra égida y nuestro dominio.

•           Absurdo No 6: No está permitido disfrutar de la vida, porque eso confronta con la idea de nacer, sufrir y morir.

•           Absurdo No 7: No está permitido correr riesgos, porque la vida es peligrosa y todo lo que hagamos, en especial lo que nos da placer, implica una amenaza a nuestra integridad.

•           Absurdo No 8: No está permitido sentirte importante. Debemos ser uno más o, por lo menos, no competir con nuestros educadores.

•           Absurdo No 9: No está permitido equivocarse. Porque eso es un fracaso y objeto de desprecio de los demás.

•           Absurdo No 10: No está permitido ser totalmente libres, ni en nuestras decisiones, ni en nuestros pensamientos, ni en nuestros sentimientos. Debemos hacer lo que se espera de nosotros, estudiar lo que es mejor, trabajar como se debe y casarnos con la persona adecuada.

No dudo de que este listado está incompleto y que las atrocidades que algunos adultos son capaces de generar en los niños no tienen límites; sin embargo, esta muestra basta para decir lo que hoy nos interesa.

Normalmente el niño – y, más tarde, el adulto- necesita agradar, sentirse querido, aprobado, reconocido y valorado.  Estos mandatos, en interacción con los acontecimientos particulares de cada historia y de cada vínculo familiar, determinan que el niño abandone su infancia con una clara idea de lo que se espera de él. Y lo confirma de nuevo cuando recibe directamente de nuevo de sus padres la máxima aceptación si se impone a sí mismo las restricciones que se le enseñaron (Bucay, 2009).

Sometidos por nuestra educación a lo que se nos está permitido y a lo que se nos llevó a pensar, construimos un programa para nuestra vida, un argumento, un guión y, sobre todo,  una determinada forma de interpretar el mundo a nuestro alrededor, acorde a lo que se debe y a lo que no se debe.

Tarde o temprano, nos damos cuenta de que la vida es un riesgo y que, encerrados en la segura cárcel de nuestros mandatos, terminaremos apagándonos como la llama de una cerilla. La gran llave de una buena calidad de vida es darnos cuenta de todas esas absurdas prohibiciones que arrastramos desde hace tantos años, concedernos el derecho de cuestionar esas pautas y, si es nuestro deseo, darnos todos los permisos que nuestro cuerpo, alma y espíritu nos demanden. Concedernos el permiso de vivir con intensidad y compromiso cada minuto de nuestra vida (Bucay, 2009).

Y, en todo caso, romper con el guión que estaba determinado por los mandatos y reemplazarlos por proyectos realmente propios que estén en línea con los propios gustos y apetencias de nuestro aquí y ahora.

Creo que el gran trabajo en el que todos deberíamos colaborar es en el contribuir – ya sea como padres, maestros, jefes, dirigentes o vecinos- a que cada persona, niño, adulto o anciano se conceda, cada vez más conscientemente los permisos que le son indispensables para vivir la vida que desea.

Jorge Bucay en una ocasión escribió un poema que en lo personal me ha parecido interesante pues está llenos de cosas “encontradas, descubiertas y aprendidas que hoy comparto contigo en el deseo de que la vida te haya enseñado ya estas cosas que le decía a mi hija, con emoción, hace casi veinte años…” (Bucay, 2009).

Antes de morir, hija mía,

Quisiera estar seguro de haberte enseñado…

A disfrutar del amor

A enfrentar tus miedos y confiar en tu fuerza

A entusiasmarte con la vida

A pedir ayuda cuando la necesites

A decir o callar según tu conveniencia

A ser amiga de ti misma

A no tenerle miedo al ridículo

A darte cuenta de lo mucho que mereces ser querida

A tomar tus propias decisiones

A quedarte con el crédito con tus logros

A superar la adicción a la aprobación de los demás

A no hacerte cargo de las responsabilidades de otros

A ser consciente de tus sentimientos y actuar en consecuencia

A dar porque quieres y  nunca porque estés obligada a hacerlo

Antes de morir, hija mía,

Quisiera estar seguro de haberte enseñado…

A exigir que se te pague adecuadamente por tu trabajo

A aceptar tus limitaciones y vulnerabilidades sin enojo

A no imponer tu criterio ni permitir que te impongan el de otros

A decir que si sólo cuando quieras y decir no sin culpa

A tomar más riesgos

A aceptar el cambio y revisar tus creencias

A tratar y exigir ser tratado con respeto

A llenar primero tu copa y después, la de los demás

A planear para el futuro sin intentar vivir en función de él

Antes de morir, hija mía,

Quisiera estar seguro de haberte enseñado…

A valorar tu intuición

A celebrar las diferencias entre los sexos

A hacer de la comprensión y el perdón, tus prioridades

A aceptarte así como eres

A crecer aprendiendo de los desencuentros y de los fracasos

A no avergonzarte de andar riendo a carcajadas por la calle sin ninguna razón

A darte todos los permisos sin otra restricción que la de no dañar a otro ni a ti misma.

Pero sobre todo, hija mía, porque te amo más que a nadie,

Quisiera estar seguro de haberte enseñado…

A no idolatrar a nadie… y a mí, que soy tu padre, menos que a nadie.”

PERMITIRSE SER AGRADABLE Y ASÍ A LA FELICIDAD

Aunque a veces la vida duela, lo mejor es vivirla con intensidad. Pasar de puntillas sólo nos conduce a una existencia gris; nos ahorramos los grandes altibajos, si, pero también nos perdemos las grandes alegrías. Tampoco la actividad frenética para  evadir el encuentro con uno mismo es una solución. Sólo entregarnos con amor y confianza a la pasión de vivir nos hace más felices y sabios (Guix, 2009).

Aparentemente es una obviedad darnos permiso para vivir. Por el simple hecho de respirar se sobrentiende que vivimos, pero tal vez las cosas se vean diferentes si discernimos entre vivir y existir. Para muchas personas, la vida consiste simplemente en ir tirando,  en sobrevivir,  en salir lo más airosos posibles de los avatares del día a día. Existen, pero no viven (Guix, 2009).

A estas alturas ya no es extraño hablar sobre la realidad virtual. Cada vez más personas viven instaladas en mundos cibernéticos, jugando a construir segundas vidas y recreando identidades protegidas por el anonimato y la falta de compromiso relacional. Viven experiencias virtuales a costa de evitar las vitales. No tienen vidas sentidas sino recreadas.

Hay quienes dicen que es mejor evitar que conquistar. Tienen tanto miedo que sólo viven para controlar. Prefieren lo menos malo a lo mejor. Vivir es para ellos un peligro incesante y, por eso, tienden a encerrarse en burbujas de seguridad, en rutinas compulsivas, en personas de quienes depender. Sus vidas no son sentidas sino evitadas.

También existen aquellas personas que se escudan en la mente. Pueden hablar de todo aunque experimentan poco. Se pierden en los porqués sin darse cuenta de lo que está ocurriendo más allá  de sus narices.  Se centran en la razón y se bloquean ante la emoción. Analizan tanto que la verdad siempre los encuentra distraídos. No disponen de vidas sentidas sino pensadas.

Después, están las personas que nunca disponen de tiempo porque siempre tienen demasiado por hacer. Lo tienen todo bajo control. Excepto lo que es realmente importante. Les faltan horas porque temen el silencio de un minuto desocupado. De hecho, lo llenan todo porque siempre andan vacíos. No tienen vidas sentidas sino programadas (Guix, 2009).

El ser humano transita, a lo largo de su existencia, entre dos grandes aguas: el amor y el miedo. Incluso se me ocurre pensar que son como las caras de la misma moneda en la vida. Seguramente, una de las decisiones más importantes que afrontamos ante el reto de vivir es si queremos hacerlo desde el miedo o del amor. Y, en este punto, no se puede plantear un acomodado equilibrio. Nos instalamos en una dimensión o en la otra, en la confianza o en la desconfianza, a sabiendas de que el contraste va a ser permanente (Guix, 2009).

Dice el escritor Arnaud Desjardins: “no sean la víctimas, sino el discípulo de las situaciones” Toda una invitación a no pasar por esta vida como meros espectadores o como sufridores de las circunstancias que nos rodean sino a comprometernos a fondo con la experiencia. Es la vida sentida, en la que damos valor en los acontecimientos y acometemos lo que nos ocurre con valor. La vida sentida es, así pues,  el permiso que nos concedemos para entregarnos incondicionalmente a vivir.

Uno no vive separado de la vida, por mucho que la analice u observe a distancia. El brahmán  hindú Jiddu Krishnamurti solía decir que el observador es lo observado.  Formamos parte de un todo y estamos interrelacionados, incluso con aquello que aparenta no tener nada que ver con nosotros. Por ello, a menudo llegan a nuestra vida casos, cosas y personas que nos plantean elecciones. Y con cada elección nos expresamos (Guix, 2009).

Como sostiene el carismático orador y autor australiano de libros de autoayuda Matthew Kelly, todo es elección, lo que esconde un gran secreto: el poder  que tenemos, a menudo desaprovechado, para ser nosotros mismos y vivir como deseamos. Es una dura lección, porque nos hace dar cuenta de que hemos elegido la vida que estamos viviendo en este mismo momento. Es por ello por lo que permitirnos vivir pasa por otorgarnos el permiso de escoger ser los creadores de nuestra propia realidad (Guix, 2009).

Asimismo, permitirse vivir es tener conciencia del propio cuerpo, de los propios sentidos y de las emociones, las intuiciones, la voz interior… Muchas personas tienen dificultades para estar conectadas consigo mismas. Sólo se dan permiso para vivir emociones intensas que las hagan vibrar. En cambio, se acorazan contra la pena, el dolor o cualquier tipo de sufrimiento. Temen  tanto pasarlo mal que prefieren tapar sus duras realidades con adiciones, mecanismos de defensa o múltiples tareas que les eviten el encuentro con ellas mismas. Por el contrario, las personas vivimos cuando nos damos permiso para sentir lo que sentimos, para apadrinar nuestros sentimientos, para dejar que se exprese nuestro mundo interior.

Permitirse vivir es aceptar la forma en que la vida se expresa ante nosotros. Los estoicos tenían, en este sentido, una visión muy clara de la existencia: se entregaban incondicionalmente a lo inevitable. No se resistían a la realidad que encontraban sino que la aceptaban plenamente, lejos de cualquier semejanza con la resignación o el pasotismo. El maestro Séneca solía decir “la sabiduría radica en saber distinguir correctamente allá donde podemos modelar la realidad para ajustarla  a nuestros deseos de allá donde debemos aceptar, con tranquilidad, lo inevitable”.

Si nos fijamos, la resistencia a aceptar las cosas tal y como vienen consigue el efecto contrario; es decir, la persistencia. Todo a lo que nos resistimos persiste; lo que aceptamos se transforma. Curiosamente, detrás de muchos conflictos de pareja se esconde precisamente la falta de aceptación del otro o de una situación. ¿Cómo puede haber cambio si no existe una aceptación? Permitirse vivir implica, de la misma manera, no convertir todas las situaciones de la vida en un problema (Guix, 2009).

Veamos un ejemplo que seguro que nos suena: pasamos por un mal momento, tal vez en el trabajo o en una relación. La situación es de estancamiento. Seguramente no es agradable, pero tampoco problemática. En lugar de aceptar o transformar la situación,  nuestra mente empieza a realizar su juego: “si en lugar de estar ahí, trabajaras en otra empresa, o tuvieras otra relación, seguro que serías más feliz, más libre, podría realizarme mucho más…” aquello que era una situación desagradable se acabo convirtiendo en un problema, porque ahora hay que cruzar la orilla entre una realidad y otra construida por nosotros.

Entonces nos empezamos a agobiar, nos ataca el pánico y damos algún paso inseguro. Sin embargo, ya que la situación se ha convertido en un problema, debemos solucionarla. Nadie nos pedía que cambiásemos, excepto nosotros mismos. No era necesario cruzar a la otra orilla si no sabíamos nadar ni teníamos una buena barca para hacerlo. La mente nos ha hecho una jugada.

Darse permiso para vivir entraña también pasar por múltiples situaciones que no siempre son placenteras,  pero a las que tampoco es necesario otorgar mayor gravedad de la que tienen. Otro aspecto importante de permitirse vivir es ir al fondo de nuestra propia existencia: no conformarse solamente con cuatro principios éticos sino acercarse a la capacidad que tenemos de trascender. Hoy que tanto se habla de la nueva espiritualidad, se abre entre nosotros un mundo interior que nos lleva directamente a la experiencia que parecía reservada solamente a  los místicos. Cada vez más personas alejadas de cualquier confesión religiosa logran estados de unidad y de amor absoluto que le cambia la vida.

La dimensión espiritual no es un mundo aparte del ser humano. No es sólo un conjunto de prácticas o la adscripción a una doctrina, o algo reservado para las fiestas de guardar o unos minutos de rezo o meditaciones. La dimensión espiritual constituye la columna vertebral que sostiene las experiencias de una persona; es lo que le da sentido y la trasciende.

La experiencia humana que hace posible que demos un paso más allá es, sin duda, el amor. Permitirse vivir consiste, finalmente, en dejar que sea el amor quien transpire por toda nuestra piel, ya que ninguna otra dimensión de la vida es tan poderosa. Decía que las elecciones que hacemos en la vida constituyen nuestra realidad. Ojalá podamos darnos permiso para vivir en el amor, la naturaleza auténtica de lo que somos, el impulso de vida que nos hace existir.

PERMITIRSE AL AMOR

A menudo confundimos el amor auténtico, aquel que nos permite ser libres y aceptar al otro tal y como es, con el amor romántico o emocional, un querer idealizado que suele crear dependencia y sufrimiento. En cambio, el amor auténtico sólo nos enriquece (Subirana, 2009).

La mente y el corazón son nuestros receptáculos sagrados; albergan la creación de pensamientos y sentimientos. Cuando estos pensamientos y sentimientos se gestan desde la autenticidad del ser, la fuerza interna se trasmite a todos nuestros actos y relaciones. Si, por el contrario, las influencias del entorno, de los demás y de nuestros hábitos negativos entran en la mente y en el corazón, nuestros pensamientos se vician y generan sentimientos de rencor. Malestar, dolor y rechazo, de manera que nuestro amor queda ensombrecido.

Permitirse el amor es permitirse la energía más poderosa del universo,  una energía transformadora y sanadora que cohesiona y une. Cuando nuestro corazón se ha sentido herido, manipulado, engañado o atrapado, el amor deja de fluir libremente. Queda sumido en la negatividad; se vuelve cínico, desconfiado y vive con una actitud defensiva.  Deja de realizar sus sueños tornándose gris.

El corazón emocional experimenta un vaivén constante de emociones,  que van de la pasión al desencanto, del calor al frío.  Se acalla la razón y la inteligencia. Necesita protección y estímulos externos. Es un corazón rojo que se enciende como el fuego, y que al acercarnos puede quemar (Subirana, 2009).

El corazón romántico, el rosa, sueña con la pareja perfecta, que supuestamente satisfará todas sus necesidades. El que posee un corazón de este tipo cambia de relaciones a menudo, ya que sus expectativas nunca se cumplen, y sufre continuamente.

Para vivir el amor en libertad hemos de reencontrar el corazón de ángel que todos tenemos, el corazón de luz, el que está unido al alma. Se trata de un corazón tan profundo que no se altera. El cuerpo cambia, la inteligencia varía y la fuerza se debilita, pero los sentimientos puros permanecen (Subirana, 2009).

Para pasar de un corazón gris, rojo o rosa  aun corazón de luz hemos de vivir en la verdad del amor y no en sus mitos. El primero de estos falsos mitos defiende que el amor viene de fuera, cuando en realidad brota de dentro,  fluye cuando lo compartimos. La segunda  creencia errónea sostiene que precisamos obtener amor, cuando en realidad,  lo que necesitamos es darlo. El tercer  mito asocia al amor al apego y a la dependencia, lo que nos conduce a la preocupación y a la dependencia. En el verdadero amor nos sentimos libres y aceptamos al otro tal y como es. No nos preocupamos sino que nos ocupamos y confiamos.

Aprender el “arte de amar”, de ser libres y de dejar ser. El amor puro es incondicional, sanador, fluye libremente y nunca hiere. Para alcanzar ese estado en una relación se requiere una gran “sabiduría”. La mayoría de las personas se aman y se atan. Cuando se pierde la libertad, la felicidad se aleja y sobreviene el malestar.

El conocimiento de nosotros mismos facilita el proceso de abandonar el miedo y abrirse a una forma de amar más rica, tolerante y relajada. El amor emocional puede transformarse en verdadero amor a medida que el fuego inicial de las emociones se enfría y se sustituye por una percepción más sabia y madura. El verdadero amor necesita una atmósfera renovadora, sin temores.

Para liberarnos de la tendencia a depender de los demás, debemos tener un corazón fuerte, capaz de renunciar al egoísmo; un corazón que no tenga nada que esconder y que, por consiguiente, deje la mente libre y sin ningún temor;  un corazón que este siempre dispuesto a aceptar nueva información y a cambiar de opinión, que no se aferre a creencias cerradas, a datos obsoletos (Subirana, 2009).

Cuando la mente está preocupada y el corazón cerrado, no podemos incorporar nuevas ideas, oportunidades ni personas a nuestras vidas. Es importante aprender a soltar el pasado, perdonar y olvidar, para vivir en cada momento la plenitud de nuestro corazón de luz, un corazón en el que afloran los buenos sentimientos. Cultivando los verdaderos valores –la paz, la serenidad, el amor, la libertad y la solidaridad- , superaremos las carencias y nos sentiremos más fuertes.

 


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